Toda disciplina es ejercida bien o mal y la
arquitectura no es la excepción. Entiéndase por buena arquitectura aquella que
toma en consideración todos los elementos necesarios para la construcción de un
edificio eficiente y duradero. Con el paso del tiempo esta práctica se ha hecho
más comercial por lo que la buena arquitectura se ha reducido
considerablemente. Por otro lado, se ha desarrollado una línea de pensamiento
que estipula que la ornamentación no es necesaria porque no es funcional. No se
pretende hacer señalamientos sobre lo que sería una mala arquitectura ya que
conocer lo ideal señala lo otro.
Lo primero que un arquitecto debe observar es el lugar donde construye. No basta solamente visitar el lugar sin estudiar su suelo, sus alrededores y el ambiente que lo afecta. A pesar de que el edificio a construir puede ser mejorado al añadirle diferentes aparatos tecnológicos como el aire acondicionado, no lo hace costo efectivo. De igual forma si el tipo de terreno no es tomado en consideración existe el riesgo de que el edificio se deteriore con mayor facilidad o se derrumbe. Por ende, el buen arquitecto se dedica a analizar los entornos para realizar el diseño o sea que el diseño se adapta al terreno y no viceversa. Al tomar en cuenta la dirección general del viento, él o ella pueden diseñar el edificio para que este no contenga el calor dentro del edificio, esto lo hace costo-efectivo a largo plazo. Además, provee una calidad y asegura su funcionamiento incluso en las temporadas más terribles. La tecnología es buena como apoyo al diseño, no como parte primordial para que el edificio pueda operar.
Lo primero que un arquitecto debe observar es el lugar donde construye. No basta solamente visitar el lugar sin estudiar su suelo, sus alrededores y el ambiente que lo afecta. A pesar de que el edificio a construir puede ser mejorado al añadirle diferentes aparatos tecnológicos como el aire acondicionado, no lo hace costo efectivo. De igual forma si el tipo de terreno no es tomado en consideración existe el riesgo de que el edificio se deteriore con mayor facilidad o se derrumbe. Por ende, el buen arquitecto se dedica a analizar los entornos para realizar el diseño o sea que el diseño se adapta al terreno y no viceversa. Al tomar en cuenta la dirección general del viento, él o ella pueden diseñar el edificio para que este no contenga el calor dentro del edificio, esto lo hace costo-efectivo a largo plazo. Además, provee una calidad y asegura su funcionamiento incluso en las temporadas más terribles. La tecnología es buena como apoyo al diseño, no como parte primordial para que el edificio pueda operar.
Luego surge la arquitectura
minimalista a finales del siglo XIX, este movimiento desdeñaba los estilos de
arquitectura anterior ya que ellos entendían que el ornamento era innecesario
ya que no constituía una función y era subjetivo. La finalidad de esta forma de
pensamiento es obtener una forma elemental y universal. Este tipo de arquitectura
todavía permanece en el siglo XXI y como se ve, esta carece de ornamentos fuera
de aquellos que crea el esqueleto arquitectónico. Su estética se deriva del
desdeño de la saturación de ornamentos en los estilos anteriores. A pesar de
que sí es posible que esos ornamentos eran simplemente estéticos, lo que ellos
olvidaron que dentro de esa estética cada uno tenía su función. Esa función no
estaba necesariamente atada a la estructura ya que podía simplemente contar una
anécdota de un momento histórico específico. Los minimalistas tampoco tomaron
es consideración que su estilo era igual de subjetivo que los anteriores. Esto
se debe a que una idea o manifestación no evoluciona del plano subjetivo ya que
es una percepción sobre el mundo. De igual forma, esta línea de pensamiento se
ha prestado, en muchos casos, para la creación de obras que no dicen nada.
La mayor falta del ser humano ha sido el pensar que solo lo que crea en su momento es lo perfecto y que lo anterior a él es inferior. Este sentido de superioridad, se refleja en todo lo que hacemos y la arquitectura es la prueba de esto. El arquitecto se ha vuelto soberbio a través de su propia creación. Por tal razón el buen arquitecto es humilde, y en ser humilde conoce íntimamente todos los elementos que conciernen su obra. Por otro lado, el estilo de arquitectura actual dice que lo anterior era innecesario ya que la ornamentación no es funcional. No obstante, esa ornamentación es funcional en sí misma. Cuando se combinan el estilo y la inclusión de los factores delimitantes se obtiene un balance y una anécdota por lo se puede llamar buena arquitectura. La buena arquitectura es una consciente del espacio y de su entorno porque busca incorporarse a él. De igual forma, a través del estilo se perpetúa una visión de mundo que inmortaliza en su entorno. Sin embargo, con un estilo que busca ser impersonal se pierde una parte de lo que constituye la arquitectura. Después de todo, la arquitectura tiene la intención de mostrar su propia historia, no la geometría en la que se concibe.
La mayor falta del ser humano ha sido el pensar que solo lo que crea en su momento es lo perfecto y que lo anterior a él es inferior. Este sentido de superioridad, se refleja en todo lo que hacemos y la arquitectura es la prueba de esto. El arquitecto se ha vuelto soberbio a través de su propia creación. Por tal razón el buen arquitecto es humilde, y en ser humilde conoce íntimamente todos los elementos que conciernen su obra. Por otro lado, el estilo de arquitectura actual dice que lo anterior era innecesario ya que la ornamentación no es funcional. No obstante, esa ornamentación es funcional en sí misma. Cuando se combinan el estilo y la inclusión de los factores delimitantes se obtiene un balance y una anécdota por lo se puede llamar buena arquitectura. La buena arquitectura es una consciente del espacio y de su entorno porque busca incorporarse a él. De igual forma, a través del estilo se perpetúa una visión de mundo que inmortaliza en su entorno. Sin embargo, con un estilo que busca ser impersonal se pierde una parte de lo que constituye la arquitectura. Después de todo, la arquitectura tiene la intención de mostrar su propia historia, no la geometría en la que se concibe.
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