Le Corbusier fue de
esos pocos arquitectos modernos que no se formaron originalmente dentro de la
arquitectura. Sin embargo, se dedicó a teorizar sobre ella y en una época
temprana dentro de su vida decidió dedicarse a estudiar sobre la arquitectura
viajando a diferentes lugares. Su faceta de arquitecto era precedida por
aquella de artista ya él se había formado como artista durante su juventud. No
obstante, él no separó su primara formación de la segunda sino que combinó
ambos conocimientos y como resultado se convirtió en una de las mayores
conceptualizaciones de lo que es ser arquitecto.
Cuando se habla de le Corbusier, tiende a
pensarse en el arquitecto y no en el artista. Sin embargo, esta faceta de él
influyó mucho en su estilo de arquitectura. La pintura de le Corbusier refleja
su forma de pintar ya que la mayoría, por no decir todas, eran una re-imaginación
de los objetos en los que se inspiraba. Su insatisfacción con lo de su época lo
llevaba a crear un nuevo enfoque hacia la pintura por lo que uno de los temas
principales era “la forma por la forma”. De igual forma, el color era algo que
le fascinaba también y eso se reflejó en todas sus obras.
Sus convicciones
como artista repercutieron en su concepción de arquitectura. También
insatisfecho por la arquitectura recurrente de su época, lo llevó a teorizar
sobre ella y crear su propio estilo. Para le Corbusier no era suficiente solo
teorizar sobre ella sino también llevar su teoría a la plano real. Uno de sus
mayores intereses era la planificación urbana por lo que dedicaba a diseñar
ciudades completas aunque no se volvieran una realidad. Se debe mencionar también
que le Corbusier seguía en un mismo modelo hasta perfeccionarlo.
Ambas facetas de le Corbusier fueron
importantes para la obtención de una arquitectura innovadora. Su lado artístico
se reflejó en todos sus obras ya fuera por la selección de color o por su innovación.
De igual forma, su labor en el ámbito teórico de la arquitectura le permitió
cementarse dentro de ese mundo así como proponer una nueva forma de hacer
arquitectura. Estas dos caras de le Corbusier lograron balancear el conocimiento
que debe tener un arquitecto. Igualmente, él representa el balance que existe
dentro de la arquitectura: el arte y la ciencia.
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